Una larga ausencia en mi blog, sí… aunque ello no significa que no tenga historias qué contar o temas qué compartir. En los últimos días, o mejor dicho meses, por circunstancias mayores he estado viviendo y recordando de todo aquello que formaba parte de mi  pasado… entornos, lugares, personas, experiencias e historias varias, aunque la familia y los amigos siempre han estado muy presentes.

Volver a visitar y ser cliente de aquellos negocios que antes solía hacer me han hecho recordar episodios que por más tiempo que haya pasado aún siguen estando ahí, intactos.

Hace un poco más de 7 años,  realizando la compra de la semana en el supermercado Madeirense en Venezuela, y uno de los supermercados más importantes del país, recuerdo a una chica hablando por el móvil mientras realizaba su compra. Sostenía una conversación, la cual creo que unos cuantos no pudimos evitar escuchar, ya que la chica hablaba con el tono suficiente como para que escuchara el supermercado entero.

Llevaba su carrito a tope con la compra y mientras, su conversación por el móvil trataba sobre lo adinerada que era y que gracias a ello podía darse todos los gustos que quisiera… al parecer la parte de lo rica que era debía dejarlo muy claro tanto para la persona al otro lado del teléfono como para los clientes del supermercado, igual esta táctica pertenecía a alguna fórmula metafísica de esas que debes repetir y creerte tal cosa para que se convierta en realidad.

Recuerdo perfectamente la actitud de “soy más que tú y que todos aquí”, “tengo más dinero que tú y que todos los que están aquí en este momento”, y también recuerdo que debido a lo insoportable que me pareció compartir pasillo con ella huí rápidamente de su lado, pero la chica insistía en seguir mis pasos con su conversación vacía y pedante que a nadie le interesaba.

Y como las leyes de Murphy nunca fallan, al momento de hacer la cola en caja para pagar como por “arte de magia” tenía a la misma chica delante de mí haciendo cola en la misma caja, ya sin móvil pegado a la oreja,… Uuuufff realmente me tocaba presenciar el final de toda esta historia, la chica llevaba el carrito de la compra completamente lleno, puede que lo necesario, lo menos necesario y lo no tan necesario estaba en ese carrito, pero en fin ella podía «darse el gusto de comprar lo que quisiera».

El desenlace real resultó una vez pasados todos los artículos y cuando la cajera pasó su tarjeta, la misma No Paso, sí!!!.. rechazada por el banco y nuestra protagonista no tenía más tarjetas, y quizás lo más terrible para ella fue, no sólo devolver más de la mitad de su compra para pagar lo otro con el poco efectivo que llevaba, no… sino además que todos sus «escuchas», o sea nosotros, eramos testigos de su «tragedia».

Después de todos estos años esta historia volvió a mi cabeza gracias a otros personajes que se han encargado de demostrar qué tan escándolosos pueden ser frente a una audiencia desconocida con tal de destacar por la buena vida o el lujo que se dan. Y lo cierto de todo es que teniendo en cuenta las circuntancias actuales del país, económico, social y político, no puedo dejar de repetirme la misma pregunta…. Qué le pasa a la gente???, resulta que la evolución sólo ha sido sido del plano real al plano virtual para seguir difundiendo la misma información, sin importar ubicación, audiencia y contenido.

Anteriormente estos seres actuaban en cualquier espacio público, preferiblemente repleto de personas, y a través de sus teléfonos móviles los hacían partícipes de sus «conversaciones» y así lo siguen haciendo, pero ahora pueden compaginar con las redes sociales realizando públicas todas sus actividades. ¡Así es Señores!… sigan compartiendo tanto en el plano real como virtual todo lo que hacen, todos los sitios que frecuentan, el carro que poseen, los bancos de los que son clientes, dónde viven, dónde pasan sus vacaciones, etc… etc… etc… pero luego no se quejen que fueron víctimas de secuestro, de atraco o de robo.

Es lamentable que el venezolano tenga que vivir en paranoia, ¡sí!, pero muy seguramente será más lamentable tener que vivir alguna de estas desgarradoras experiencias. Es importante que todos aprendan a utilizar sus perfiles en las redes sociales, sobre todo los más jóvenes. Es normal querer pasarlo bien pero desgraciadamente, sugiero mirarlo como una pausa, hay que tomar medidas… y drásticas. Saber con quién compartes información en tu Facebook, qué fotos publicas y con quién las compartes, aprender a no mantener un perfil abierto y a ser encontrado por cualquiera en la red, saber a quién le dices a través de Twitter o Facebook en qué sitio estás y saber qué datos personales compartes.

Probablemente muchos ya tengan en cuenta tales consideraciones, pero la verdad es que durante el tiempo de mi estadía en el país pude corroborar que aún unos cuantos todavía viven en sus nubes particulares y, espero equivocarme, pero algún día podrán caer y el golpe será duro.

La evolución real y virtual del venezolano
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